martes, 20 de julio de 2010

MEDITACIÓN SOBRE EL XVII FESTIVAL DE MÚSICA DE LA MANCHA

Conocí el Festival de la Mancha de la manera más feliz posible. En el año 2005 recibí la llamada de Consuelo Díez, directora artística del mismo, encargándome una obra para piano que se estrenaría al año siguiente con un importante éxito (Preludio de don Fadrique). Desde ahí, el festival que se celebra desde hace 17 años en Quintanar de la Orden (Toledo- España) ha sido un antes y un después en mi vida. Me encanta el espíritu que tiene: posibilista, austero, cercano a los recursos del entorno, descubridor de talentos, muy bien organizado, acogedor y abordado desde el entusiasmo de una asociación de "locos" enamorados de la música (ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA MÚSICA DE CASTILLA LA MANCHA). A todo ello hay que añadir la organización de los cursos Diego Ortiz y de unas mesas redondas sobre música e interculturalidad muy interesantes.
Esta edición ha sido otro ejemplo de lo anteriormente narrado. Quintanar se ha vuelto a volcar con su festival, pero eso no quita que ahora sienta cierta desazón ante el futuro.
Desde enero de este año tengo el honor de presidir la Asociación antes mencionada y, ante mi asombro, el ayuntamiento ha roto en convenio de colaboración que existía desde el año 2003, de tal manera que estamos vacíos de contenido y en una situación de precariedad insostenible.
La manida crisis no es excusa, porque todos la entendemos, reducimos honorarios y entre los conjuntos colaboradores se ha extendido con naturalidad un espíritu de sacrificio. La verdad es que no sé qué está sucediendo, escucho palabras tranquilizadoras, pero ahora sólo queda esperar la evolución de los acontecimientos para ver si merece la pena seguir con el esfuerzo.
Desde la tristeza, espero que se solucione.

martes, 6 de julio de 2010

Philippe Jaroussky. Los agudos imposibles


Conocí a Philippe Jaroussky por grabaciones hace cuatro años aproximadamente. Mis últimas tertulias con el escritor, doctor en literatura, compañero y amigo Juan Senís me han hecho retomar la audición de este excepcional contratenor.
Jauroussky tiene algo de turbador y alucinógeno. Sus agudos lo convierten más en un sopranista que en un falsetista (aun utilizando la técnica de estos últimos). Parece un viaje en el tiempo, un retorno al barroco con todas sus bellezas y miserias. Su aspecto imberbe le da apariencia de castrati, con todo el aprovechamiento escénico que conlleva.
Dicen los que saben más que yo de esto de las voces que ha tenido que mejorar su registro grave y que lo está consiguiendo. El caso es que uno no se siente indiferente ante la orgía sonora de sus agudos, una fiesta para los sentidos y para el deleite. Posee esa extraña capacidad de conmover, algo reservado para unos pocos elegidos.

He elegido dos muestras sonoras, porque enriquecen la labor del cantante francés. El conjunto instrumental L´Arpeggiata, dirigido por Christina Pluhar (que tuve el placer de escuchar hace un par de años en la Iglesia de San Felipe Neri de Cuenca) y la soprano Nuria Rial.

Por ti miro, por ti godo, de Claudio Monteverdi (1567-1643) . Dúo final de «L´incoronazzione di Poppea».



Ciaccona del Paradiso e del Inferno. Anónimo italiano del siglo XVII. Humor maravilloso.


lunes, 21 de junio de 2010

György Ligeti. «Lux Æterna», para 16 voces a capella























El 18 de Marzo de 1991, a las 19.30 horas en la Iglesia de San Pablo de Cuenca, tuve un antes y un después en la percepción de la música contemporánea.
El Coro Arnold Schoenberg, dirigido por Erwin Ortner, realizaba una magnífica interpretación de esta página intensa, breve, directa, vanguardista e innovadora, compuesta en 1966 por el húngaro, nacido en Transilvania y nacionalizado austriaco György Ligeti. Yo aún tenía 20 años y un mundo por descubrir... pero la primera puesta de un nuevo mundo se había abierto en ese momento.
«Lux Aeterna» no está integrada en un Réquiem a pesar de que el texto pertenece a la liturgia. Está escrito para 16 voces y es un homenaje a la tradición polifónica occidental, pero desde una perspectiva rompedora y muy diferente. Los conceptos melodía, armonía y ritmo se diluyen en una realidad llamada masa de sonido. Las voces juegan desde el unísono en sucesiones de intervalos de segunda, de tal manera que se crean masas de "ruido" más grandes o más pequeñas. Esta realidad disonante se le llamará "cluster", que no es necesariamente dura y que puede ser tratada con exquisita suavidad. Ligety formaba una auténtica nube sonora, que cambiaba, crecía o menguaba con maestría expresiva.
El autor denominó micropolifonía a esta técnica, que utilizó en varias de sus obras maestras de los años 60, como «Atmosphères» o «Lontano». El mismo compositor la explicaba así:

La compleja polifonía de las partes individuales está plasmada en un flujo armónico-musical, en el cual las armonías no cambian súbitamente, sino que se mezclan con otras; una combinación interválica claramente reconocible se va haciendo gradualmente borrosa, y en esta nubosidad es posible discernir una nueva combinación interválica tomando forma.

Ligety consiguió fama y prestigio con estas composiciones. El luchador por la libertad que huyó de la represión del telón de acero encontró un gran eco a su obra gracias al cineasta Stanley Kubrick y su película «2001, una Odisea en el espacio». La colaboración (que al principio no fue amistosa) se extendió en películas como «El Resplandor» o «Eyes Wide Shut».
Ligety nos dejó en 2006. Con él murió gran parte del talento que occidente mostró al mundo en la segunda mitad del siglo XX.
Déjense sobrecoger por esta belleza oscura y misteriosa, en la versión de la Cappella Amsterdam.

domingo, 6 de junio de 2010

Audición de «El horizonte eterno»


Hoy colgaré mi penúltimo estreno musical hasta la fecha. Lo había pospuesto a la espera de una mejor grabación, pero la crisis acecha y no va a poder sonar durante este mes como en principio estaba previsto.
El estreno sucedió el jueves 25 de febrero de 2010 en Alcázar de San Juan (Ciudad Real, España) a cargo de la Orquesta Sinfónica la Mancha bajo la dirección de José Ramón Monreal. El resultado tiene los desajustes típicos de estas situaciones y una grabación muy pobre (realizada por mí) con un micrófono digital a distancia, que hace que prácticamente sólo se perciban con claridad los violines primeros y los violonchelos.
Pensé no colgarla, pero pasados los meses me he decidido, porque tengo el defecto de que mi obra me quema en las manos y porque la labor de la orquesta y director por la difusión de los autores vivos es encomiable y sobresaliente. Espero que perciban ese sentido de homenaje a la Mancha, a su horizonte liso y perpetuo, los molinos y las vides...
Un fuerte abrazo y hasta pronto.



martes, 18 de mayo de 2010

MÚSICA PARA LA SERENIDAD (III)


Cuarteto para el fin de los tiempos de Olivier Messiaen (1908-1992).
Nos encontramos ante uno de los más importantes compositores franceses de todos los tiempos y, sin duda, el mejor del pasado siglo. Messiaen fue un místico contemporáneo. Toda su obra estuvo encaminada hacia el perfeccionamiento espiritual y el mensaje directo con Dios. Era católico convencido, persona de moral firme, bondadosa y generosa. Un profesor mío de composición (José Luis de Delás) me dijo, textualmente, que «desprendía un aura especial».
El lenguaje de Messiaen es firme, personal y comprometido con la vanguardia. Utiliza modos gregorianos y orientales, especialmente hindúes. Crea un lenguaje rítmico basado en la acumulación de valores en lugar de la clasificación en compases y su pasión por la ornitología lo plasma en la inclusión de cientos de tipos de cantos de pájaros en sus obras.
El Cuarteto para el fin de los tiempos tiene una génesis especial, dramática y emocionante. Messiaen, alistado en el ejército francés en 1940, fue detenido por tropas alemanas y trasladado al campo de prisioneros Stalag VIII-A en la localidad de Görlitz. En otoño de ese año crea esta página para los tres prisioneros músicos capaces de interpretar, con la inestimable ayuda de un oficial alemán amante de la música, que le pasaba todos los días el papel pautado. Inspirada en un fragmento de El Apocalipsis y dividida en ocho movimientos, se presentó en primera audición en dicho campo el 15 de enero de 1941, por Jean Le Boulaire (violín), Henri Akoka (clarinete), Etienne Pasquier (violonchelo), y el propio compositor al piano. Messiaen dijo siempre que fue el mejor público que haya tenido nunca. En realidad sólo había personas heladas y desalentadas, que en una situación límite entendieron como nadie esta música eterna.
Los fragmentos propuestos son el quinto y octavo movimiento.

V- Louange à l´Eternité de Jésus. (Alabanza a la eternidad de Jesús).
Jesús representa la palabra de dios. El cello canta una frase larga y extremadamente lenta para glorificar con ternura y reverencia la eternidad, poder y dulzura de la palabra, "que con los años nunca disminuirá". La melodía se despliega majestuosamente como un recuerdo lejano, tierno y lo abarca todo. "En el principio era el Verbo, y el Verbo vivía en Dios... y el Verbo era Dios".


VIII- Louange à l´immortalité de Jésus. (Alabanza a la inmortalidad de Jesús).
Un solo de violín con piano, igual que el violonchelo en el quinto movimiento. ¿Por qué este segundo homenaje? Porque aquí se dirige a la segunda cualidad de Cristo: a Jesús como hombre, la palabra hecha carne, resucitado de entre los muertos e inmortalizado para hacer su vida que conocemos. Este movimiento es puro amor. Asciende gradualmente hacia un pico intenso, la ascensión del hombre hacia Dios, del Hijo de Dios hacia su padre para convertirse en criatura divina en el paraíso.


Escuchen esta hermosa versión de 1991. Tras la audición de estos pasajes, uno entiende las palabras de Yvonne Loriod, segunda esposa del compositor. Tras la muerte de éste, sólo dijo... «Ya se encuentra donde quería estar».

jueves, 15 de abril de 2010

MÚSICA PARA LA SERENIDAD (II)

Adagio for strings Op.11 de Samuel Barber (Pensilvania, EE.UU. 1910- Nueva York 1981)
Últimamente estoy sintiendo simpatía por todos esos compositores de la pasada centuria que rápidamente fueron despreciados por el pensamiento único de la vanguardia. Samuel Barber vivió alejado de cualquier rupturismo, buscó su lenguaje personal en un ambiente tonal o modal anclado en la tradición romántica y no se sintió atraído por las nuevas corrientes que tanto sedujeron a sus compatriotas. Con el tiempo, he visto que el deseo de novedad a cualquier precio ha desbaratado a muchos creadores y que el considerarse adelantado no es un rasgo especialmente interesante. A las pruebas me remito. Bach, Victoria, Mozart o Verdi fueron compositores anclados a una tradición que nunca quisieron romper. Barber es un caso más.

Como casi todos los amantes de la música, mi primer acercamiento a este autor norteamericano fue consecuencia de la película Platoon (1986) de Oliver Stone. El drama de la muerte y la guerra absurda se veía envuelto por las pinceladas de una música sostenida, lenta, que permanece en continuo dramatismo y que daba mayor sentido a algunas escenas, sobre todo la muerte del sargento Elías.

Ya en plena madurez, he retornado muchas veces a esta página y cada vez la observo con más admiración. Apenas 69 compases, con un 4/2 dominando casi todos ellos, pero sólo como un agarre ante un ritmo donde no existen partes fuertes y débiles como tal. La escritura es sencilla y diáfana, con una armonía vagamente tonal en si bemol menor, pero que raramente se define. Dominan los acordes tríadas y menores.

El origen de la obra, escrita en 1936, fue un cuarteto de cuerda, pero a petición del director Arturo Toscanini, transcribió el segundo movimiento para cuerda completa. El éxito ha sido sonado y Barber también la adaptó para coro mixto, con el título de Agnus Dei.

El Adagio para cuerdas de Samuel Barber tiene un sentido elegíaco evidente. Sin embargo, su audición genera en mí auténtica serenidad, un bálsamo para el espíritu. Escúchenla, por favor, en la versión de la Orquesta de la BBC dirigida por Leonard Slatkin el 15 de septiembre de 2001 en honor de aquellos que perdieron la vida unos días antes en los atentados de las Torres Gemelas.
Hasta pronto.



lunes, 5 de abril de 2010

MEDITACIÓN SOBRE LAS 49 SEMANAS DE MÚSICA RELIGIOSA


Poco puedo escribir sobre la 49 edición de las SMR. Mi papel como informador y crítico en EL DÍA DE CUENCA ha exprimido toda mi capacidad de análisis técnico. Por eso sólo quiero meditar sobre las sensaciones que me deja este maravilloso festival, el mejor del mundo en el campo religioso.
Minkowski me hizo llorar en su versión de La Pasión según San Juan de Bach. A pesar de mi amor por este arte, sólo fue la segunda vez que me pasa. Pero lo mejor es que casi todos los días tenía algún momento donde hervía mi interior por la grandeza interpretativa y lo sublime de la obra. Como ejemplo, la intimidad inenarrable de Andreas Martin con el laúd Barroco, o Melnikov afrontando los 24 preludios y fugas de Shostakóvich en un clima de emoción continuo. Pasaron Les musiciens du Louvre, Harry Christophers, La Venexiana, King´s Consort, Arditti Quarttet, Hiliard Ensemble, Marta Almajano, Psallantes... Obras como las dos Pasiones y la Misa en Si de Bach, estrenos mundiales y recuperaciones musicológicas.
Pero lo que no puedo describir es la sensación espiritual que recorre mi cuerpo. Esa serenidad que me invade, la necesidad de lenguajes de alabanza musical en mi agnóstica mente. Imagino que existe una predisposición para ello y que la belleza de la ciudad y el perpetuo mensaje de la muerte de Jesús me influirá.
En todo caso, espero con impaciencia la edición 50, las bodas de oro de un festival que engrandece Cuenca y la convierte en el centro de la música internacional.

Luchemos por la ortografía