Conocí el Festival de la Mancha de la manera más feliz posible. En el año 2005 recibí la llamada de Consuelo Díez, directora artística del mismo, encargándome una obra para piano que se estrenaría al año siguiente con un importante éxito (Preludio de don Fadrique). Desde ahí, el festival que se celebra desde hace 17 años en Quintanar de la Orden (Toledo- España) ha sido un antes y un después en mi vida. Me encanta el espíritu que tiene: posibilista, austero, cercano a los recursos del entorno, descubridor de talentos, muy bien organizado, acogedor y abordado desde el entusiasmo de una asociación de "locos" enamorados de la música (ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA MÚSICA DE CASTILLA LA MANCHA). A todo ello hay que añadir la organización de los cursos Diego Ortiz y de unas mesas redondas sobre música e interculturalidad muy interesantes.Esta edición ha sido otro ejemplo de lo anteriormente narrado. Quintanar se ha vuelto a volcar con su festival, pero eso no quita que ahora sienta cierta desazón ante el futuro.
Desde enero de este año tengo el honor de presidir la Asociación antes mencionada y, ante mi asombro, el ayuntamiento ha roto en convenio de colaboración que existía desde el año 2003, de tal manera que estamos vacíos de contenido y en una situación de precariedad insostenible.
La manida crisis no es excusa, porque todos la entendemos, reducimos honorarios y entre los conjuntos colaboradores se ha extendido con naturalidad un espíritu de sacrificio. La verdad es que no sé qué está sucediendo, escucho palabras tranquilizadoras, pero ahora sólo queda esperar la evolución de los acontecimientos para ver si merece la pena seguir con el esfuerzo.
Desde la tristeza, espero que se solucione.




