La caja es de cedro y según José Miguel Moreno, su restaurador, es de mediados del siglo XIX. Posee una delicadeza sonora y una potencia muy difícil de encontrar en cualquier instrumento de cuerda pulsada. Su construcción es totalmente pre-Torres en todos los aspectos, tanto en el tamaño como en la construcción de la caja, además de que tiene un clavijero no evolucionado. La tensión es casi la mitad que en una guitarra clásica actual, el ancho del mástil es menor y hace que sea muy cómoda siempre, pero el concepto "cejilla" toma otra dimensión: no se sufre al ejecutarla, no duele, no tensa... es una maravilla. . Me parece ideal para interpretar todo el repertorio original y transcrito de los siglos XVIII y XIX.
Esta es mi nueva guitarra vieja, mi amiga irrenunciable.
De izquierda a derecha: Jesús Sánchez, Manuel Millán y José Miguel Moreno
Preludio de la Suite para Laúd BWV 995 de Johann Sebastian Bach.
Manuel Millán, guitarra clásico romántica.
El 15 de diciembre de 2016 marca el año exacto desde que
firmé mi última composición: INFANCIA, para guitarra. Durante estos 365 días no
he escrito nada, no tuve necesidad ni deseo y simplemente he seguido los
designios que la vida me ha ido marcando, sin forzar artificialmente lo ya
extinto.
No piensen que vivo
con dolor esta experiencia. Son etapas que van pasando con la misma naturalidad
con la que se nos cae el pelo o se tiñe de gris. La creación debe partir como
necesidad y ésta se alimenta del propio conocimiento y la experiencia. Así
crece y evoluciona nuestro lenguaje y así conseguimos poco a poco la
personalidad creativa.
Pero este proceso va acompañado de muchos factores. Una vida
ocupada en el trabajo de profesor, una actividad familiar intensa y
gratificante y el inevitable paso de los años, que hace que las ilusiones se
difuminen y que sepamos ver todas las caras de este mundo tan complejo y lleno
de aristas.
En estos veinte años de producción tengo un conjunto de
obras aceptable, no muy numeroso, en el que intentaba contentar mis deseos
expresionistas a veces y de color otras. Algunos años dominaba un concepto sobre
otro, aunque el motivo conductor era siempre emocional. Por ejemplo, las canciones a mis hijas me
hicieron recorrer el mundo de la melodía directa y emocionante, mientras que mi
obra de cámara era el gran refugio de la dureza y el desgarro. Siempre estaba
mi mente como equilibrio entre esas fuerzas que tanto tiraban de mí. He
considerado cada composición como un mundo, como una obra inmensa a la que
tenía que dedicar la vida entera.
Pero todo eso, imagino que temporalmente, se acabó. Perdí
esa necesidad, ese gusanillo que me recorría las entrañas delante del papel
pautado. Es demasiado esfuerzo, casi siempre recompensado con unos aplausos, probablemente
sinceros, y con palabras de admiración, e incluso cartas anónimas solicitando
un autógrafo.
A pesar de todo, son demasiadas horas dedicadas, tras las
cuales no termino de ver el reflejo de las mismas en la sociedad como imaginaba.
La compensación económica, que al final es la que alimenta el alma y el cuerpo,
es prácticamente inexistente. Además, por qué no decirlo, el compositor debe
desarrollar una carrera paralela de gestión y venta del producto. Hablar con
unos y otros, “comer la oreja” a los programadores, vender la burra y las
excelencias de uno mismo, marcar los tiempos como un auténtico macho alfa… y en
ese aspecto la naturaleza nunca me dotó. No he sido competitivo, quizá por
cobardía, por pereza (a la que soy un gran aficionado) o por una excesiva
timidez. El punto final ha sido la ópera LA CAJA DE LUZ. Un proyecto casi
definitivo, con libreto de Gustavo Villalba, al que no he dedicado en su promoción
y venta los esfuerzos que requiere, pero es que no valgo para eso y me resulta
agotador.
La música sigue por mis venas, toco la guitarra como no lo
hacía durante los últimos veinte años y mi última adquisición –una guitarra restaurada
por José Miguel Moreno de mediados del siglo XIX— me nutre permanentemente y
completa mi existencia. De momento doy gracias a la vida.
Queridos amigos, este año seré colaborador del diario digital VOCESDECUENCA para la 55 edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca.
Este blog volverá a la actividad pronto, cuando mis obligaciones laborales vuelvan a la normalidad en el mes de julio. Hasta entonces, tengo preparada alguna entrada, de la que les haré saber en pocos días.
Feliz Semana Santa a todos.
El profesor Fernando J. Cabañas Alamán organizó un homenaje al gran maestro y compositor conquense don José López Calvo. Es una suerte contar con personalidades que ponen en valor el talento de otros cuando están vivos, en un país en el que tendemos ha realizar estos actos cuando ya nos han abandonado.
El homenaje constó una mesa redonda en la que estuvieron el propio Fernando J. Cabañas, junto a un gran colega en el mundo de los músicos militares como el Excmo. Sr. Don Francisco Grau Vergara, el historiador Juan Máximo Rodríguez Peinado y tres antiguos alumnos: José Mª Sánchez Verdú, Pedro Pablo Morante Calleja y un servidor.
José López Calvo
Al día siguiente hubo una conferencia-concierto, en la que Fernando Cabañas disertó sobre la vida y obra del maestro y posteriormente el Coro del Conservatorio de Cuenca, bajo la batuta de Pedro Pablo Morante Calleja, interpretó cinco estrenos de Sánchez Verdú, Juan Carlos Aguilar, Francisco Torralba, Manuel Murgui y Manuel Millán, además de un villancico del maestro Calvo.
Los actos estuvieron llenos de sentimiento, admiración y calidad. Espero que esta breve composición que escribí a mi maestro les guste.
«El barroco es la época de los contrastes». Esta coletilla
eterna en todos los procesos de enseñanza-aprendizaje se presentó de forma más
que evidente en esta representación del Teatro Real realizada en coproducción
con la Opéra National de Bordeaux.
Estos contrastes no son sólo el resultado del lenguaje y la estética que rodeó
la gestación de Alcina. También son
consecuencia de aunar en un todo artístico algunos de los momentos más
inspirados de toda la producción de Haendel, un libreto anónimo con todos los
estereotipos de la ópera seria dieciochesca pero con mayor ahondamiento, si
cabe, en el estatismo y la incoherencia. Por último, una puesta en escena de
David Alden, que en su intento de dar dinamismo y color creó una trama
paralela, más engorrosa todavía que la original, llena de humor cabaretero y
con un mensaje moral contrario al que se desprende del texto original.
Empecemos por la partitura. No nos podemos cansar nunca de
semejante prodigio musical. Haendel crea melodías de un talento tal que le
permite mostrar todos los afectos de los personajes sin renunciar a un solo
momento de belleza. El viaje psicológico de Alcina desde poder y la soberbia
hasta el amor y la desdicha se produce entre momentos de una sutileza
emocionante. El segundo personaje que evoluciona en sus sentimientos es
Ruggiero, papel escrito para el castrati Carestini, que a pesar de no poseer
tantos matices, sí tiene el aria que más ha transcendido de la composición: la
bucólica y pastoral «Verdi prati». Bradamante, Morgana, Oronte, Melisso, e
incluso Oberto – personaje añadido para el lucimiento de un niño cantor— desprenden
música de alta fuerza expresiva, que contrasta con sus papeles, que viajan
entre lo intrascendente y lo prescindible desde el punto de vista teatral.
Destacó por encima de todos la soprano canadiense Karina Gauvin en el papel de Alcina. Su
voz bella, moldeada y penetrante se adaptó tanto al virtuosismo brillante como
a las arias más íntimas, teniendo como ejemplo la memorable «Sì, son quella!
Non più bella», donde el retorno al Da Capo –precedido por un silencio sublime
y un pianissimo sobrecogedor— será recordado
por mucho tiempo (a pesar del horrible ruido de fondo de la calefacción del
Teatro Real, que rompió algo el momento mágico). El papel de Ruggiero lo cantó
la mezzosoprano italiana Josè Maria Lo
Monaco, que sustituyó a Christine
Rice por enfermedad. Fue creciendo poco a poco en intensidad, tras un
inicio algo plano que supo superar y matizar a lo largo de la noche. Anna Christy en el papel de Morgana
abusó de unos histriónicos agudos, algo precipitados, y se convertía en una
gran cantante cuando su registro no era tan agudo. Sonia Prima como Bradamante no se sintió cómoda y proyectó un
timbre algo forzado. El tenor Allan
Clayton resolvió con creces su sufrido papel, tanto por su hermosa voz como
por los números cabareteros y circenses a los que fue forzado, resueltos con
gracia, elegancia y excelente profesionalidad. Por último, tanto el bajo
italiano Luca Tittoto como la
soprano valenciana Erika Escribà
resolvieron muy bien sus pequeños papeles, que no tienen nada de fáciles.
La dirección musical de Christopher
Moulds fue detallista e historicista en la concepción, salvo por el uso de
instrumentos modernizados, que restó brillo a los vientos y atenuó los fraseos
de las cuerdas. Tuvo una excelente concepción global que mostró un trabajo
profundo y planificado.
Por último, tenemos que hablar de la puesta en escena de David Alden. La isla mitológica pasó a
ser un teatro (aunque pareciera más un hotel) de los años 30 ó 40. Hasta ahí
todo iba bien, los colores de valor alto daban mucho juego y convertir
melodrama en comedia sí venía al caso para esta obra. El problema es que quizá no
supo frenar a tiempo. La “sala de operaciones” para convertir en bestia a Ricciardo,
el magreo (digno de la filmografía de Mariano Ozores) que recibió Karina Gauvin
o algunos numeritos circenses de Allan Clayton convertido en mono superaron el
esperpento para convertirse en burla a la propia historia. El final cambiado, en
el que Ruggiero regresa con Alcina como sueño de aventura, felicidad y contraste
del aburrido y convencional matrimonio con Bradamante, puede parecer un acierto…
o al menos algo mínimamente coherente.
Alcina. Vídeo promocional del TREATRO REAL
Karina Gauvin como Alcina: SÍ, SON QUELLA! NON PIÚ BELLA!
Posiblemente la historia es común entre muchos ciudadanos de mi edad (43 años a fecha de hoy). Eres educado en un mundo religioso, poco integrista y tolerante. La religión forma parte indisoluble de tu ser y se convierte en un elemento más de la familia, aceptas sus contradicciones y errores y te aferras a lo bueno que te ofrece: una colectividad, valores (positivos en su mayor parte), cultura y en muchos momentos... consuelo.
Salvo un breve periodo adolescente, donde formé parte de un movimiento ultraconservador, no puedo hablar mal de las asociaciones religiosas con las que tuve contacto, pero poco a poco el pensamiento crítico innato al ser humano hace que uno busque respuestas más convincentes a las eternas preguntas que genera la existencia: ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es nuestra función en la vida? ¿Qué sentido tiene existir? ¿Somos eternos? ¿Está todo planificado por una inteligencia superior?
En la edad adulta intensifiqué la búsqueda y tras muchos intentos, conocer a personas increíbles (no puedo dejar de mencionar a Fernando G. Toledo, Fernando Cuartero o el malogrado y querido amigo de la red Enrique Arias) llegué a una conclusión: Las cosas son y nosotros buscamos por qué, sin premisas ni creencias limitadoras. El hecho de no saber el porqué de un enigma no significa que no exista, sino simplemente que estamos buscándolo.
En todo ese proceso de eliminación de mitos.... ¿Dónde queda mi dios? Yo todavía lo encuentro en un rincón que quizá la neurociencia explique algún día: EN LA BELLEZA.
ROUND ABOUT THE MOUNTAIN
Espiritual Negro.
Barbara Hendricks, soprano.
Round about
the mountain, 'round about the mountain
My God's a rulin' and she'll rise in His arms
Round about the mountain, 'round about the mountain
My God's a rulin' and she'll rise in His arms
The Lord loves a sinner, the Lord loves a sinner, man
The Lord loves a sinner, and she'll rise in his arms
When I was a sinner, a seekin' just like you
I went down in the valley and I prayed 'til I come through
You hypocrite, you concubine, your place among the swine
You go to God with your lips and tounges, but you leave your heart behind
The Lord
loves a sinner, the Lord loves a sinner, man
The Lord loves a sinner, and she'll rise in his arms
Round about the mountain, 'round about the mountain
My God's a rulin' and she'll rise in His arms
The Lord loves a sinner, the Lord loves a sinner, man
The Lord loves a sinner, and she'll rise in his arms
Goin' 'round the mountain, there I'll take my stand
I heard the voice of Jesus, thank God he's in this land
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Alrededor de la montaña mi Dios nos guía
y la montaña nos eleva a sus brazos.
Alrededor de la montaña mi Dios nos guía
y la montaña nos eleva a sus brazos.
El Señor ama al pecador. El Señor ama al hombre pecador
El Señor ama al hombre pecador, y la montaña lo elevará a sus brazos.
Cuando era un pecador, buscaba alguien como tú.
Bajé por el valle y recé hasta que llegué.
Tú hipócrita, tú concubina, tú en medio de la suciedad
vas hacia Dios con tus labios y lenguas,
pero olvidas el corazón.
El Señor ama al pecador. El Señor ama al hombre pecador
El Señor ama al hombre pecador, y la montaña lo elevará a sus brazos.
Alrededor de la montaña mi Dios nos guía
y la montaña nos eleva a sus brazos.
El Señor ama al pecador. El Señor ama al hombre pecador
El Señor ama al hombre pecador, y la montaña lo elevará a sus brazos.
Yendo alrededor de la montaña, allí ocuparé mi lugar.
Oí la voz de Jesús, gracias a Dios, él está en esta tierra.
Es lluvia de agosto, sólo eso. Recuerda el inicio de la monotonía, del trabajo reglado, desapasionado y mustio.
Recuerda todo lo que no has hecho todavía en la vida y que cada vez tienes menos tiempo para cumplirlo. Caen las gotas, refresca el ambiente, se abandona ese periodo de presunta renovación que nunca se cumple.
Es lluvia de agosto, sólo eso.